El matrimonio: EL orígen, la historia y su evolución a través del paso del tiempo


Tras la reciente polémica generada por el Vaticano y el Papa Francisco, en Laura Malingraux, queremos hacer un análisis profundo, para llegar al auténtico significado del matrimonio, observando todos los matices que ha ido adoptando a lo largo de la historia.

Fotografía de Photofilms Madrid, Cojín bordado a mano de Ábrete al Cambio

Tras leer mucho sobre el tema, queremos liberarnos de prejuicios e ideas preconcebidas, para poder ahondar en la verdadera esencia del matrimonio. Conocer bien el origen y la evolución histórica de este fenómeno universal, que se da en todas las culturas y en todos los lugares del planeta.

Imagen de Gaurav Kumar en Pixabay 

LA AUTÉNTICA ETIMOLOGÍA DE LA PALABRA MATRIMONIO

En prácticamente todas las lenguas del mundo, las palabras para designar a la madre por parte de los hijos, son fonéticamente muy parecidas, y es que “ma” es el balbuceo mamífero humano por excelencia, del bebé en busca de alimento. No sería descabellado pensar que “matrimonio”, que empieza por “ma”, tenga algo que ver con esa capacidad y voluntad de una madre, de garantizar alimento a su cría.

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Ahora bien, “matrimonio” es una palabra procedente del latín, que toma el término del Indoeuropeo, en el que el lexema “mater” no significa sólo “madre” sino que también significa “materia”. Por un lado, “matrimonio” además de traducirse como “de una sola madre”, bien puede traducirse como “de una sola materia”, traducción más coherente, por otro lado. Claro está que, absolutamente todos los animales de la faz de la tierra, nacen de una sola madre, pero el matrimonio es un concepto exclusivo de la especie o “materia” humana.


El enlace matrimonial, a pesar de adoptar diferentes formas en función de la cultura en la que se lleve a cabo, es un rito propio del ser humano, que tiene una serie de pautas comunes para todos los individuos, indistintamente de la edad, sexo, raza o religión.

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LA EVOLUCIÓN DEL CONCEPTO DE MATRIMONIO EN LA SOCIEDAD OCCIDENTAL

EL ORÍGEN, UNA CUESTIÓN DE INTERESES: «YO TE DOY A MI HIJA, Y TÚ ME DAS TUS TIERRAS»

Los primeros datos que existen sobre el matrimonio, nos los proporciona la cultura de Mesopotamia. En el 4.000 a.C., en una tablilla, se deja constancia del pacto entre un hombre y una mujer, definiéndose los derechos y deberes de la esposa, el dinero que esta obtendría en caso de ser rechazada y el castigo en caso de ser infiel. En la Edad Antigua, el enlace matrimonial no es otra cosa que un contrato privado entre el suegro y el yerno, en el que se definen los intereses de los cónyuges y sus deudos.

Es increíble que, algo tan simple como uno mero contrato grabado en tablillas de arcilla, esté al origen de las bases de un concepto tan complejo, y que su legado, no sólo haya permanecido, sino que se haya transmitido durante muchos siglos.

Fotografía de Photofilms Madrid, Decoración de Ábrete al Cambio

Durante cientos de años, en la unión conyugal, se va a dar por supuesta la supremacía masculina, y se van a establecer los roles de cada miembro de la pareja: la esposa será la “la ama de casa” que se va a encargar de las tareas domésticas y del cuidado de los hijos, sirviendo y subordinándose a su marido, el “proveedor” que será quien proporcione todos los medios necesarios para la subsistencia familiar.

El matrimonio va a suponer un trabajo en equipo para crear una familia y con ello mejorar las condiciones de vida, a la vez que se crean y se mantienen relaciones de cooperación con otras familias y comunidades. Y es que, la familia, ha sido desde siempre, el grupo humano que mejor expresa la naturaleza social del hombre.


EL IMPERIO ROMANO Y LA LLEGADA DE UN CONCEPTO ADELANTADO A SU TIEMPO

Todos sabemos que los cambios y la evolución de la sociedad son procesos muy lentos que no tienen cabida de un día para otro.

Fotografía de Carla Lázaro, Maquillaje y peluquería de Maquillhada

Durante la total duración Imperio Romano, van a continuar produciéndose enlaces conyugales concertados por interés, sobre todo entre miembros de las familias patricias; y el fundamento del contrato matrimonial de los inicios de la Edad Antigua, definido como: el reconocimiento social de una mujer para ser la madre de los descendientes de un hombre, permanecerá todavía unos cuantos siglos más. Pero, a pesar de todo, será en este período histórico que aparecerá el antecedente del matrimonio moderno.

El “coemptio”, es un enlace que se caracteriza por la motivación amorosa, no por la imposición paterna, y por no requerir de grandes contratos económicos. Los cónyuges, plebeyos principalmente, simulan una «compra recíproca» en la que se hacen regalos mutuos, pero, realmente, lo único que tienen, es el uno al otro.


LA EDAD MEDIA Y LA OBSESIÓN POR MANTENER Y CONTROLAR LAS ESTRUCTURAS SOCIALES

Fotografía por Vicente Esteban

Tras la caída del Imperio Romano y el consiguiente auge de la Iglesia Católica en la Edad Media, se da comienzo a una época de oscurantismo y tabúes. La Iglesia Medieval, toma las riendas de la ética y la moral, imponiendo un nuevo concepto de matrimonio. A partir de este momento y por primera vez en Occidente, un vínculo que hasta entonces ha sido civil, se convierte en una unión indisoluble ante los ojos de Dios.

La realeza y la nobleza de la época, organizan sus vínculos maritales en función de su poder y de su patrimonio, por lo que dichas uniones se pactan con fines de distinta índole: económicos, de expansión territorial y/o como alianzas sociales de poder entre familias; y se consolidan a través de los herederos comunes. Por otro lado, el amor, queda relegado a las relaciones extramaritales, que recordemos, son consideradas pecado y sancionadas por la Iglesia.

Fotografía por Vicente Esteban

Durante este período histórico, el concepto de matrimonio amplía considerablemente sus matices. Además de conllevar intrínseco todo lo definido a principios de la Edad Antigua, a partir de ahora, además se va a convertir en una herramienta de control de las relaciones de pareja por parte de la Iglesia, con el fin de desarrollar un contexto favorable a la crianza de hijos, pero, sobretodo, como un medio de conservación de las estructuras sociales para que las élites mantengan su poder.


EL FINAL DE LA EDAD MODERNA, CUANDO EL AMOR Y EL MATRIMONIO POR FIN VAN DE LA MANO

En el siglo XVIII, gracias a la Revolución Industrial, se propicia la aparición de una amplia clase media, equiparable a los plebeyos que practicaban el “coemptio” en Roma, y se genera, en la sociedad Occidental, un clima propenso para la gestación de un «novedoso» concepto de matrimonio.

Fotografía por Esif Fotografía

En el siglo XIX, con el Romanticismo, movimiento que exalta la importancia de los sentimientos, se termina de instaurar y consolidar esta nueva concepción: el amor como centro y eje principal del matrimonio. Sin duda, una novedad que confiere una libertad de elección que se aleja mucho de los intereses económicos y políticos mantenidos durante los milenios precedentes.

Poco a poco, el amor va triunfando y los matrimonios de conveniencia se van convirtiendo en patrimonio exclusivo de la realeza y la alta aristocracia. La visión “revolucionaria” de los enlaces matrimoniales que se conforman a partir del siglo XX, resultan de dos factores esenciales: por una parte, la reivindicación y posterior adquisición de los derechos de la mujer; y por otra, la desacralización de la unión, en sintonía con la progresiva pérdida de peso de la religión en el ámbito privado.

Fotografía por Esif Fotografía

LA VISIÓN CONTEMPORÁNEA DE LOS VALORES DEL MATRIMONIO DE LA SOCIEDAD OCCIDENTAL SEL SIGLO XXI

Las percepciones actuales referentes al matrimonio son muy variables, y están influenciadas por múltiples factores como las condiciones individuales, la religión, la educación o la cultura. Muchos aspectos que las personas creemos “sin precedentes”, en realidad no son precisamente, ni nuevos ni modernos, sino que están arraigadas en el pasado, y se basan en mayor o menor medida en uno u otro momento de la evolución histórica del concepto en cuestión.

Fotografía por Vicente Esteban

Dicho esto, tras observar la historia reciente y analizar las tendencias de la sociedad en la que vivimos, vamos profundizar un poco más el concepto y los fundamentos principales del matrimonio contemporáneo.

El matrimonio es un ritual propio del ser humano, en el que se institucionaliza la relación entre personas y se legitima frente a la familia y los seres queridos, desde una perspectiva civil o religiosa, para que dicho vínculo sea reconocido socialmente. Se fundamenta en una decisión voluntaria por parte de los individuos, basada en el amor, la protección y el respeto recíprocos, sin jamás atentar contra los derechos humanos. Su propósito expreso es el de integrar una familia, indistintamente de la edad, sexo, raza o religión de los integrantes, en el que la eventual perpetuación de la especie no es un deber, sino un derecho de libre elección.

Fotografía por Esif Fotografía

¿Y para Laura Malingraux? Bien, pues a riesgo de pecar de simplistas y naif, creemos que nuestra definición es sencilla, pero es muy contemporánea, universal, igualitaria y efectiva, en sintonía con las tendencias de la sociedad actual. Para nosotras, el matrimonio es la celebración del amor entre las personas.

Utópicamente, nos gustaría pensar que el matrimonio es una forma de sacar la mejor versión del individuo, ya que no existe nada más hermoso para el ser humano, que el de fundar una nueva familia con amor e ilusión. Debería tener sólo connotaciones positivas y ser una fuente inagotable de felicidad, generosidad y empatía con otros individuos y otras familias, aunque, históricamente, ese no haya sido el caso siempre.

«Tratemos de vivir felices, dejando a los demás vivir su propia versión de la felicidad»

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